No existe ninguna alegría más grande que ver a un niño sonreír, sobre todo si este niño se recupera de una enfermedad, de una tristeza o de un evento difícil de entender a su corta edad. Las risas, el alboroto, la algarabía, vuelven a llenar nuestro espacio y podemos recuperar el aliento, nuestras vidas vuelven a la normalidad y  nuestro corazón deja de sufrir.

 La terapia de Flores de Bach es una forma de medicina natural la cual cura las emociones, el estrés, la ansiedad y los miedos que surgen en la niñez. Como otras formas de medicina natural, actúa tratando al niño como individuo, de acuerdo al temperamento y a su carácter, así como al entorno en el que se desarrolla.

 Su efecto suave, la ausencia de efectos secundarios, su acción terapéutica de apoyo en toda enfermedad, y fundamentalmente, su sorprendente eficacia, propiciaron que fuera aceptada como medicina complementaria en 1977 por la Organización Mundial de la Salud y actualmente se contemple como terapia reembolsable por la mayoría de las compañías aseguradoras en los países de primer mundo.

La diferencia entre la homeopatía y el sistema de Flores de Bach es que la homeopatía cura las enfermedades físicas y las Flores de Bach curan las emociones.

Cuando un bebé nace, generalmente se encuentra en armonía y en perfecto equilibrio (a menos que haya tenido un parto difícil o la madre haya sufrido durante el embarazo). Este balance es delicado y es la semilla de la personalidad del niño, esta personalidad esta formada por dos factores importantes, el primero es el temperamento o la parte heredable de sus padres y el segundo es el carácter que esta formado por las circunstancias que le rodean; conforme empieza a vivir y crecer, las circunstancias así como las experiencias con las que este niño se desarrolla empiezan a modificar este balance; las pesadillas, miedos a la oscuridad, mojar la cama, agresividad, celos, déficit de atención, bajo aprovechamiento escolar, nos indican en diferente medida que este balance se ha perdido.

 Las Flores de Bach restauran el balance perdido ayudando a los niños a continuar adelante, la terapia se concentra en sanar la parte de la personalidad que pueda estar en conflicto, dando al niño la fortaleza para enfrentar retos sin perder su equilibrio o sufrir por ello; así por ejemplo la terapia no puede cambiar a los compañeros de la escuela, o hacer que sus padres se reconcilien, pero si puede aliviar su inseguridad y hacer que el niño se sienta valorado, amado y con la confianza para seguir adelante.

 Las Flores de Bach se enfocan a promover los valores y virtudes positivos de cada ser humano como son el amor, la compasión, el valor, la certitud, la autoestima y el respeto hacia los demás.

 Cuando un conflicto de personalidad surge, aspectos positivos se van distorsionando, y  si no son restaurados a tiempo, los niños crecen dentro de este contexto de problemática, soledad y desarmonía, dando origen a adolescentes con carencias afectivas, resentidos de la vida, encerrados en su propio mundo, los cuales no se sienten ni amados ni valorados. Sin una visión clara de quienes son y sin una estabilidad o estructura propia, la línea ente el bien y el mal se torna difusa o desaparece dando origen a muchos de los problemas de los que sufre nuestra sociedad actual.

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